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HANK AARON EL REY DEL JONRON SIN DROGAS.

Cuando Hank Aaron pegó su jonrón 715…

• En honor a José María “Choya” Muñoz Medina, quien falleció el pasado jueves. Mis condolencias y respetos eternos.

Por Jesús Alberto Rubio.

 

Fue un lunes del 8 de abril de 1974 cuando a las 9.07 por la noche en el Atlanta-Fulton County Stadium, con un clima frío, con viento y suave brisa, ocurrió el histórico jonrón 715 de Hank Aaron. 53,775 aficionados vieron de cerca el fin a la notable marca de los 714 cuadrangulares que Babe Ruth tenía en su poder desde 1935.

Aaron, entonces de 40 años de edad, en la cuarta entrada, primero dejó pasar una bola mala y, a la siguiente, ante una recta, hizo el primer swing de la noche... ¡y jonrón”!

Fue un cañonazo de 395 pies entre left-center donde el jardinero Bill Buckner brincó pegado a la barda tratando en vano de capturarla ya que la pelota fue a caer al bullpen de los Bravos, donde el relevista Tom House cogió la pelota y se vino corriendo al home plate para entregarsela al nuevo Rey del Jonrón quien en esos instantes era aclamado y vitoreado por sus compañeros y público en general entre luces de bengala y la pizarra eléctrica que prendía y apagaba el número 715.

El cronista de los Bravos por televisión, Milo Hamilton, exclamó emocionado frente al micrófono inmediatamente cuando la pelota iba volando, “It´s gone!, es el 715...¡el beisbol tiene un nuevo campeón jonronero de todos los tiempos; este es Henry Aaron!

Y cuando la recepción en home, entre de los peloteros y coaches, estaba su señora madre, Estella. “Ahí estaba mi madre esperándome; no sé cómo le hizo para estar tan rápido en ese lugar”, diría emocionado Aaron. En tanto, sobre el terreno de juego, en el jardín, se encontraba su padre Herber, a punto también de celebrar en cualquier lugar el inolvidable momento.

El Alto Comisionado Bowie Kuhn, no estuvo presente; en su representación, envió a Monte Irvin para que entregara un reloj de oro a Aaron. Cuando mencionaron el nombre de Kuhn, se escuchó un fuerte abucheo.

El Comisionado sí asistió al juego cuando Hank Aaron pegó el 714, en Cincinnati. Pero esa noche Bowie Kuhn, atendió un banquete oficial en Cleveland, que inauguraba en casa la temporada.

Los Dodgers iban ganando 3-1, pero finalmente Atlanta triunfó 7-4.

Claro que el champagne corrió en el vestidor de los Bravos como si hubiesen ganado el campeonato entre peloteros y reporteros.

Y antes de que alguien preguntara algo, Aaron diría: “Se ha escrito que en mi último juego en Cincinnati no traté de batear para guardar el jonrón 715 y darlo en Atlanta. Sin embargo, es falso. Yo siempre he dado mi máximo en cada juego”.

Sammy Davis Jr., antes del cuadrangular, prometió 30 mil dólares a quien capturara y le entregara la famosa esférica, pero para House eso no importó. Realmente, como lo dijo, la emoción de dársela a Aaron fue lo más emocionante que pudo pasarle en su vida.

La pelota histórica que capturó Tom House, se encuentra hoy en el Museo del Turned Field de Atlanta. House fue un relevista que en ocho años tuvo 33 juegos, con 29 victorias.

Cuando Aaron daba vuelta al cuadro después de pegar el 715, recibió felicitaciones del segunda base Davey Lopez y el short Bill Russell y dos fanáticos saltaron desde la grada para compañarle en su recorrido, a la altura del campo corto, saludándolo de mano y, a pesar de las amenazas, no tuvo temor alguno ante la presencia de esos muchachos.

El umpire principal lo fue Dave “Satch” Davidson, quien trabajó en la Nacional entre 1969 y 1985. El receptor era Joe Ferguson, de 27 años de edad y en su segunda temporada completa con Dodgers. El ampayer de primera fue Frank Pulli, aún activo desde 1972.

El primera base fue Steve Garvey, y en esa campaña sería nominado JMV por su .312 de bateo, 21 jonrones y 111 producidas. El tercera base de los Bravos, Darrel Evans, se encontraba en base, en primera por un error. Ese año Evans lideró al circuito en bases recibidas (126).

Según Aaron, ese jonrón no fue el más importante de su carrera. El siempre recuerda el que conectó en la onceava entrada frente a Billy Muffet, de los Cardenales, para asegurar el título los Bravos de Milwaukee, en la temporada de 1957.

“Este fue el No. 2”, dijo aquella ocasión. Le doy Gracias a Dios por esto; siento que ya puedo relajarme; ahora espero tener una gran temporada”.

Y agregó: “La mayoría de las personas no comprenderán la pesadilla que esto ha sido para mí. La historia se ha escrito y éste es el final. Ahora podré jugar tranquilamente”.

 
Foto de BEISBOL E HISTORIA.
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