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Ustedes y nosotros

 
 

Ustedes y nosotros

 

 

09 de Febrero de 2019

POR RICARDO ALEXANDER M.*
 

Parece que desde hace algunos años, el lenguaje de los gobiernos de muchos países, así como los discursos de sus mandatarios, han cambiado. Ya no se trata de ser inclusivo y mediador. No se pretende ser “políticamente correcto”. Más bien se busca diferenciar, dividir, crear comparaciones ficticias para generar enemigos imaginarios que ayuden a contar mejor las historias que expliquen los males que se están viviendo. Algo parecido a los molinos de Don Quijote. Como elemento común en estos discursos, se hace una dicotomía entre “ustedes” y “nosotros”, los buenos y los malos, los que buscan mantener sus privilegios y no quieren que los pobres sean menos pobres y los redentores y defensores del pueblo.

Lo anterior ha sido una receta que ha funcionado a la perfección en todo tipo de países democráticos de corte occidental, desde Estados Unidos, pasando por Argentina, Bolivia y Brasil, hasta llegar a la Venezuela de Nicolás Maduro, donde cobra su mayor expresión.

Basta oír al presidente Donald Trump, para ver que dividir vende y es popular, sin importar los costos. El mandatario no se cansa de mencionar que la única manera de disminuir la inseguridad y el consumo de drogas en su país es un muro en la frontera con México que pare la inmigración, puesto que quienes llegan son puros violadores y narcotraficantes. Quien no apoye el plan es prácticamente un traidor a su patria. No hace ni sentido lo que dice, pero le genera muchos réditos. Es tan exitosa la estrategia, que incluso sin buenos resultados en su administración durante estos dos años, se perfila para la reelección.

Dentro de esta corriente, México no es la excepción. No hay semana en la que el presidente López Obrador no use expresiones como “conservadores”, “fifís”, “corruptos”, “pueblo bueno” y “mafia en el poder”, para diferenciar y descalificar a quien duda de su figura o su palabra, desde opositores políticos o empresarios, hasta medios de comunicación. Cualquier crítica a lo que está haciendo la nueva administración federal es inmediatamente catalogada y descartada, sin importar el contenido, con base en la “autoridad moral” autoproclamada.

Bajo este discurso oficial es fácil convertir a los delincuentes en víctimas, o en abusados a los abusadores, todo depende del cristal con que se mire, de acuerdo con las necesidades políticas del momento. Pobres huachicoleros que roban por necesidad; pobres maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que tienen que dejar de dar clases y cerrar vías de tren para exigir sus privilegios afectados por la reforma educativa –que pugnaba por un principio de evaluación y meritocracia–; pobres delincuentes organizados que sólo necesitan una regañada de sus madres para cambiar de profesión y dejar de masacrar a otros mexicanos.

Las redes sociales son un claro ejemplo de cómo han permeado en todas las esferas públicas estos conceptos impulsados desde el lenguaje gubernamental. Criticar o dudar del Presidente y de su equipo implica, inmediatamente, el tenerse que sentar en el banquillo de los acusados de ir contra la necesaria transformación del país, de forma similar –toda proporción guardada– a los revolucionarios franceses del siglo XVIII. Cualquier voz en contra no se calla con argumentos sino con alusiones personales y simplificaciones. Basta leer los comentarios a las columnas de opinión de los principales periódicos del país: “es que eres un fifí”, “es que ya no recibes chayote”, “es que estudiaste en esa universidad”, “es que no entiendes que no entiendes” y un largo etcétera.

Siempre es importante tener en cuenta que los presidentes gobiernan para todos, ricos y pobres, educados y no, empresarios o empleados, y todos aportan algo necesario a su país. Si bien es cierto que está siendo probado el éxito político de utilizar la dicotomía entre “ustedes” y “nosotros” en el discurso oficial –véase la enorme aprobación del presidente López Obrador–, a la larga puede generar una mayor inestabilidad a los mandatarios que la utilizan a su favor, aunado a las divisiones sociales que ello conlleva.

*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana

Twitter: @ralexandermp

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