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AL INFINITO Y MÁS ALLÁ

 

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AL INFINITO Y MÁS ALLÁ

En Guasave vivió el padre de un amigo de mi papá; un tipo célebre, de esos que dejan huella en su paso por la vida; era muy ocurrente, de origen árabe, empezó un negocio de venta de combustibles en Los Mochis y luego se fue a Guasave; al parecer era muy enamorado y no sabemos si enviudó o simplemente cambio de domicilio y dejó a su familia inicial, lo cierto es que los hijos se quedaron con una gasolinera y de allí vivieron.

Allá en Guasave puso su gasolinera y de ella vivió hasta que se murió y creo otra familia, ya cuando tenía unos 60 o más años lo conocí, muy simpático el señor, y para entonces era muy famoso en Guasave, los agricultores horticultores se le peleaban para llevárselo con ellos cuando iban a Nogales , Arizona, a cobrar las cosechas que enviaban a los clientes gringos, y es que todo el camino don Pancho Miguel, que era su nombre, les contaba muchas de sus anécdotas o de otros amigos, el caso, es que les hacía liviano el viaje, y a don Pancho le gustaba viajar al otro lado porque lo consentían y le compraban lo que pedía; y es que sabía hablar el idioma de Shakespeare y a veces cuando había que defenderse de los pillos gringos que no querían pagar lo correcto, entraba al quite don Pancho y a él no le ganaron un pleito.

Cierta vez llegaron por él para ir a Nogales y don Pancho estaba en la cantina de siempre, a la hora de la botana, y apurado lo llevaron a su casa por “un cambio de ropa”, y llegó apresurando a su esposa para que le hiciera la maleta, ¿A dónde vas Pancho? A Nogales mi amor, le responde el viejo, ¡ay qué bueno, Pancho, me traes un short! Y don Pancho con su gruesa voz le responde: ¿y no quieres un segunda base también? De esos era don Pancho, pura vacilada.

Pero llegó el tiempo en que sus coetáneos empezaron a faltar a la cantina donde se veían, y un día la noticia corrió como reguero de pólvora, uno de los más asiduos murió; esa vez la cantina estuvo triste, los contertulios se fueron al velorio y varios días la cantina estuvo vacía, hasta que el dueño de ella decidió avisarles que ese día iban a dar una botana muy especial y media docena de cervezas gratis para cada quien.

Pasaron unos meses y de nuevo otro compañero se murió, le decían “Canito”. Y alguien llegó a la gasolinera y don Pancho le dijo: “algo malo y raro  está pasando en Guasave y hay que ver como lo evitamos, se murió Canito y nunca se había muerto”…. No muchos entendieron el mensaje.

Así pasa cada cierto tiempo, es generacional, de repente la gente se empieza a ir, al infinito y más allá, como decía mi abuelo paterno, él, cuya tía abuela era una indígena de la tribu de los ahomes, y  lo crio, le enseñó muchas cosas que sólo los indígenas saben de los conocimientos que se transfieren entre ellos y que no están en ningún libro, porque eso, sólo ellos lo saben, los yoris – mestizos- no lo saben, ni lo sabrán; así que para ellos los que mueren en realidad pasan a una mejor vida donde no hay sufrimiento, no hay medidas, no hay día ni noche, su espacio es el infinito y lo que haya más allá, si es que lo hay.

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En estos últimos días se murió un ex pelotero muy querido en Los Mochis, el que fuera gran tercera base de los Cañeros y de otros equipos, el Papelero Valenzuela, la última vez que lo vi, fue en el panteón, ya que muy cerca del lote de mi familia está el de la familia Rodríguez Arce, y allí está la tumba de otro gran ex tercera base de los Cañeros, Aurelio Rodríguez Ituarte, que pereciera en forma trágica en Detroit, U.S.A. el 23 de septiembre de 2000.

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Y últimamente, hemos tenido una racha de peloteros que han fallecido, deportistas que fueron admirados por los aficionados al béisbol en México y que ahora mismo, entristecen al saber de qué sus otrora ídolos dejaron de existir.

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Hoy nos enteramos que falleció Blas Arredondo que fuera un pitcher estelar de los Naranjeros de Hermosillo, un tipo que le ganó muchos juegos a nuestro querido equipo Cañeros y júrelo que no lo queríamos los chamacos de esa época, y peor aún que hacia trio con Miguel Sotelo y con Horacio Solano, estos últimos nativos de Los Mochis, y por lo menos a mí me daba mucho coraje que le ganaran a mi equipo.

Eran grandes peloteros sin duda, hoy, ya están jugando en el cielo. Pero, qué le vamos a hacer….así es la vida. Vals

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