Historia y Cultura

Reeligen al Rector de la UNAM

Reeligen a Graue; será rector de la UNAM 4 años más

De los tres candidatos, la Junta de Gobierno determinó que el médico de 68 años es quien mejor puede enfrentar los desafíos que encara la institución ante la actual coyuntura que vive el país

 

 

 

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CIUDAD DE MÉXICO.

Enrique Graue encabezará a la UNAM cuatro años más.

Tras un proceso que duró 46 días, la Junta de Gobierno anunció que el actual rector estará al frente de la institución de 2019 a 2023, su segundo y último cuatrienio.

Así, Graue se convirtió en el tercer médico en ligar la reelección en la UNAM en los últimos 22 años.

Para tomar su decisión, la Junta, integrada por 15 reconocidos académicos, tomó en cuenta la calidad y viabilidad del programa de trabajo presentado por cada uno de los tres aspirantes, así como sus perspectivas de la UNAM en el contexto nacional e internacional. También valoraron trayectoria profesional, académica y administrativa, entre otros aspectos.

Quien mejor cumple con estas características para enfrentar los desafíos y aprovechar las potencialidades de la institución ante la actual coyuntura es el doctor Enrique Luis Graue Wiechers”, informó Francisco Xavier Soberón, presidente en turno de la Junta de Gobierno, acompañado de los otros 14 integrantes del órgano.

 

LA UNAM REELIGE A GRAUE COMO RECTOR

Este viernes, la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) anunció que, tras el proceso (que duró 46 días) para designar a la persona que será titular de la Rectoría  para el periodo 2019-2023, decidió nombrar a Enrique Graue para un segundo y último cuatrienio.  

De esta manera Graue, de 68 años, se convirtió en el tercer médico en alcanzar una  reelección en la máxima casa de estudios en los últimos 22 años

Para la decisión se tomaron en cuenta la calidad y viabilidad académica e institucional del programa de trabajo presentado por cada aspirante, así como las perspectivas de renovación, desarrollo y vinculación de la Universidad dentro del contexto nacional e internacional.

 

Igualmente se valoraron su trayectoria profesional, académica, administrativa y de gestión, su desempeño en la entrevista, su capacidad de diálogo con los diversos sectores de la comunidad, así como su conocimiento de la Universidad y sus posibilidades de desarrollo.

 

A juicio de la Junta, quien mejor cumple con estas características ponderadas en su conjunto para enfrentar los desafíos y aprovechar las potencialidades de la Institución ante la actual coyuntura de la Universidad y del país es el doctor Enrique Luis Graue Wiechers”, informó Francisco Xavier Soberón, presidente en turno de la Junta de Gobierno, acompañado de los otros 14 integrantes del órgano.

 

Desde 1945, la Ley Orgánica de la UNAM faculta a la Junta de Gobierno conformada por 15 destacados académicos para designar al rector  y otras autoridades universitarias.

 

El acuerdo fue tomado por la Junta de Gobierno, en apego a la legislación universitaria, después de una amplia deliberación al final de un periodo de 46 días, comprendidos entre el 24 de septiembre y hoy (ayer) 8 de noviembre.

 

En este lapso escuchó, analizó y discutió los argumentos expresados por numerosos integrantes de la comunidad universitaria.

 

La Junta de Gobierno atendió a todas aquellas personas que solicitaron una cita, en más de 850 entrevistas y con la participación presencial o escrita de más de 16 mil 500 miembros de la comunidad.

 

Las opiniones y razones recogidas constituyeron un elemento insustituible para identificar los principales desafíos de la Universidad, y las cualidades que deberá tener la persona designada para dirigirla”, destacó Soberón.

En su proyecto de trabajo, Enrique Graue subrayó que la experiencia que ha adquirido en los últimos cuatro años como rector le permite trazar metas con mayor confianza pues tiene claros los logros obtenidos, los retos pendientes y lo que se debe y puede innovar y mejorar.

En entrevista con este diario publicada el 22 de octubre, Graue aseguró que el gobierno de la Cuarta Transformación no tendrá injerencia en la vida de la UNAM, porque el propio presidente Andrés Manuel López Obrador está convencido de la fortaleza de la autonomía universitaria

Aquella ocasión, consideró que un rector de la  Universidad Nacional debe actuar conforme a sus convicciones y no aspirar a convertir la Rectoría en una plataforma para fines personales.

Sobre la situación de inseguridad en la máxima casa de estudios, señaló que en este momento “la Universidad está en calma” y que se actúa para desaparecer a los grupos violentos que se han infiltrado.

Algunos de los retos que deberá enfrentar Graue en su segundo periodo como jefe nato de la institución educativa serán: garantizar la seguridad de los estudiantes en el interior de los planteles, acabar con el acoso y con el porrismo que prevalece en la institución, así como defender la autonomía universitaria y conseguir mayor presupuesto para la casa de estudios.

 

 

 

 

La Junta de Gobierno, encabezada por Francisco Xavier Soberón Mainero (centro), anunció su elección ayer por la tarde. En la imagen: Jaime Humberto Urrutia Fucugauchi, Ana Rosa Barahona Echeverría, Juan Alberto Adam Siade, Gina Zabludovsky Kuper, Gerardo Jorge Cadena Roa, José de Jesús Orozco Henríquez, Teresita Corona Vázquez, Patricia Clark Peralta y Eduardo Bárzana García. Foto: Mateo Reyes

 

LOS DATOS

  • Médico cirujano titulado por la Facultad de Medicina en 1975.
  • Obtuvo la especialidad de Oftalmología en 1978, en la Universidad de Florida, EU.
  • Director de la Facultad de Medicina durante dos periodos, que duraron de 2008 a 2015.
  • En noviembre de 2015 fue designado rector de la UNAM; el periodo concluye el 17 de noviembre.
  • En su primer rectorado, Graue enfrentó problemas de inseguridad, de acoso, porrismo y narcomenudeo al interior de la UNAM.
  • El tercer médico con reelección en 22 años.
  • Ha sido presidente de sociedades nacionales e internacionales, entre ellas la Mexicana de Oftalmología (1990) y del Consejo Mexicano de Oftalmología (2002-2006).

EL TIO CHUY

Por José Gaxiola López

Hoy murió el hermano mayor de tu madre. A los ochenta y cuatro años. Mi amigo, mi compadre. Fue profesor de primaria y de secundaria. De los buenos que educaban a niños del área rural. Cómo los que me formaron en Sinaloa. Él procuró que sus alumnos conectaran el cerebro con la lengua, hablaran con idea, métrica y matemática, decía. Así podríamos saber si alguien fue correctamente instruido, sostenía. El decoro, la honestidad y la solidaridad vendrían de la educación en familia y de su comunidad, remataba. Respetuoso de los símbolos patrios, se ponía de pie al oír el himno nacional, hoy 20 de noviembre está siendo velado.

Sabedor de Su historia de México, la defendía hasta agotar su información. Habría que considerar la fecha en que se formó como maestro. En la virtud de su inteligencia, de su escucha aguzada respetuosamente aceptaba otros datos. La crítica a la educación en Sinaloa, era su tema, su práctica por más de 40 años, lo autorizaba como a otros miles en el estado. La imagen del profesor con libro bajo el brazo, de su juego de plumas Parker en la bolsa izquierda en la camisa y un cigarro Raleigh en mano. Hábil con la palabra resolvía cualquier crucigrama. Lo recuerdo de caligrafía pulcra y correcta ortografía al corregir las tareas de sus alumnos. Entrenado como profesor fue orador sensitivo en el sepelio de sus padres. Alguien hablará por él mañana, cuando lo sepulten, y no estaré.

Siempre adherente con sus familiares y amigos, en sus problemas de cualquier tipo, ya de salud, ya de penas. Era rico en consejos, cuentos y bromas. Preocupado principalmente por su descendencia, hasta de sus nietos y bisnietos. Hoy toca hacer lo propio con su familia, poner el hombro y un grande largo abrazo en estos días al despedir a aquel buen jugador de cuadro en el beisbol, hábil tocador de bola y corredor de bases, así lo recuerdo de mi infancia en los parques de pelota. Pero, ahora sí que la calaca, lo peló en “Jon”. 

Desde joven le gusto el juego. El beisbol y el billar, ambos los practicó mientras pudo. Lo poco que se de jugar carambola, él me lo enseñó. Ya sin facultades, se hizo espectador muy aficionado de ambos, por las tardes se iba a los billares a ver jugar y por las noches, mientras pudo fue al estadio del beisbol o seguía los juegos por televisión. Tuvo mala copa, alegador y peleonero con quien fuera, con adversarios de jugada, de tomada, de credo. Incluso con sus hermanos y con sus cuñados “valen madres”. Ganó y perdió en varios bailes públicos. Algo pasaba en él porque nunca se acordaba de sus broncas, saludaba al adversario (si se lo encontraba) al día siguiente como si nada hubiera pasado. A veces, la discusión volvía, terminaba con disculpas y un apretón de manos.

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