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La reunión Porfirio Diaz - William Taft 16 de octubre de 1909

 

 

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El 26 de noviembre de 1876, el general Porfirio Díaz, asume por primera vez el mando político del país, en aquel momento tenía dos prioridades en su plan de gobierno, primero, lograr la pacificación absoluta del país, que desde la guerra de Independencia no había tenido un solo momento de paz.
Su segunda prioridad, la más importante, consistía en lograr el reconocimiento diplomático de los Estados Unidos, mismos que consideraban a Díaz un aventurero, ambicioso, rebelde y golpista, pues hay que recordar que él asumió el poder tras el triunfo de la Rebelión de Tuxtepec, en contra de la reelección del presidente Sebastián Lerdo de Tejada.
Por esta razón, el presidente Díaz envió a Washington como su primer embajador al Lic. José María Mata, quien llevaba instrucciones de renegociar la deuda externa y abonar un cuantioso capital a la misma, desafortunadamente Washington no aceptó ni la renegociación de la deuda, ni el abono ofrecido por Mata, pues ellos no reconocerían a ningún gobierno emanado de un Golpe de Estado.
Además de que el embajador yanqui en México, John W. Foster, acusaba al gobierno mexicano de permitir y alentar las incursiones de los indios bárbaros en la frontera con Estados Unidos, y por si esto no fuera poco, el presidente Ruthenford B. Hayes, contemplaba la posibilidad de declararle la guerra a México una vez más.
Ante tal panorama, Matías Romero, Ministro de Hacienda, sugirió al presidente Porfirio Díaz, la conveniencia de hacerle ver a los empresarios yanquis, las ventajas y bondades de invertir su capital en nuestro país, a cuya mermada economía le hacía falta ese dinero.
Sin embargo, el embajador Foster armó una serie de intrigas para desalentar a los inversionistas, arguyendo la inestabilidad que privaba en México, pero afortunadamente para nosotros, sus intrigas no dieron el resultado que él deseaba, pues los empresarios vinieron a México, a pesar de las advertencias de Foster, el reconocimiento diplomático al gobierno de Díaz estaba asegurado.
Desafortunadamente, 33 años después, en 1909, el nuevo presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft, se entrevistó con su homólogo mexicano para tratar cuestiones de suma importancia para ambos países, siendo ésta la primera vez que un presidente mexicano pisaba territorio estadounidense y viceversa, ya que la entrevista se efectuó en el Paso, Texas y en Ciudad Juárez, respectivamente el 16 de octubre de 1909.
El encuentro entre ambos mandatorios, más que una entrevista fue un pliego petitorio en beneficio de los Estados Unidos y su diplomacia del dólar, implementada por Taft.
A pesar de la vecindad entre Estados Unidos y México, la historia de los encuentros presidenciales entre los dos países se inició hasta 1909. El 16 de octubre de ese año, los presidentes de ambas naciones se reunieron por la mañana en El Paso, Texas y en la tarde en Ciudad Juárez; para concluir las negociaciones al anochecer, nuevamente en El Paso, Texas.
El mandatario norteamericano William Howard Taft trató con el presidente Porfirio Díaz un asunto prioritario para la estabilidad geopolítica estadounidense: el permiso para que la armada de su país se estacionara en Bahía Magdalena, con la intención de intervenir en cualquier emergencia que se presentara en las naciones centroamericanas.
Una de las primeras cosas que el presidente Taft le solicitó al presidente Díaz, es que dejara de construir el canal interoceánico en el Istmo de Tehuantepec, ya que le iba a hacer competencia al Canal de Panamá, del cual el gobierno estadounidense había comprado los derechos para construirlo y manejarlo, además de devaluar al peso mexicano, (El cual estaba acuñado en plata), para que quedara con menos valor adquisitivo que el dólar, ya que la plata era lo que le daba la valía a nuestra moneda. A lo que el presidente Porfirio Díaz se negó.
Pretendía que las inversiones norteamericanas tuvieran preferencia con relación a las europeas y asiáticas, además de expresar su desacuerdo con la protección y asilo político que México le concedió al ex presidente nicaragüense José Santos Zelaya, actitud que fue interpretada como una ofensa diplomática para los Estados Unidos.
Taft le solicitó al presidente Porfirio Díaz que le dejara de comprar las armas para abastecer al ejército mexicano, al recién nacido Segundo Imperio Alemán y se proveyera en los Estados Unidos, cosa a la que por supuesto, Díaz también se negó.
Además, del fallo favorable para México, que un juez canadiense había otorgado en razón del litigio de el “Chamizal”, sostenido con los Estados Unidos desde 1867.
Los reclamos de Taft fueron inaceptables para Díaz, quien apeló al respeto a la soberanía de las naciones. Aunque la entrevista entre ambos estadistas fue breve, y en apariencia todo un éxito, en verdad Taft tuvo que disimular su disgusto. Como el presidente Porfirio Díaz, no hablaba inglés el intérprete e interlocutor entre ambos mandatarios, fue el Ministro de Relaciones Exteriores, el Lic. Enrique C. Creel.
El fracaso de dicha entrevista, fue lo que decidió al presidente Taft, a desconocer a Porfirio Díaz, apoyando la Revolución acaudillada por Francisco I. Madero. Prueba de ello, fue que meses más tarde rompió el tratado de extradición firmado con nuestro país, al permitir la entrada de Francisco I. Madero a su territorio para preparar la Revolución. Una vez que logró escapar de San Luis Potosí, fue en San Antonio, Texas, donde don Francisco, fecha y expide el Plan de San Luis, desconociendo las elecciones presidenciales efectuadas en julio de 1910 y convocando a un levantamiento popular en contra de Porfirio Díaz.
En los primeros días de mayo de 1911, tropas estadounidenses se instalaron a lo largo de la frontera con México, al igual que en el golfo y el pacifico, como una forma de presionar la renuncia de Porfirio Díaz, a la Presidencia de la República.
La que finalmente se dio el 25 de mayo de 1911, un acto en verdad patriótico, pues Díaz renunció a la presidencia para evitar un innecesario derramamiento de sangre mexicana, y una nueva invasión estadounidense.

“Renuncia del General Porfirio Díaz, a la Presidencia de la República”

A los CC. Secretarios de la H. Cámara de Diputados.
Presente.
El Pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de Intervención, que me secundó patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, es causa de su insurrección.
No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos apropósito para raciocinar y decir sobre mi propia culpabilidad.
En tal concepto, respetando, como siempre he respetado la voluntad del pueblo, y de conformidad con el artículo 82 de la Constitución Federal vengo ante la Suprema Representación de la Nación a dimitir sin reserva el encargo de Presidente Constitucional de la República, con que me honró el pueblo nacional; y lo hago con tanta más razón, cuando que para retenerlo sería necesario seguir derramando sangre mexicana, abatiendo el crédito de la Nación, derrochando sus riquezas, segando sus fuentes y exponiendo su política a conflictos internacionales.
Espero, señores diputados, que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré á mis compatriotas. Con todo respeto.

México, Mayo 25 de 1911.
Porfirio Díaz
(Rúbrica)
Como bien lo dijera el historiador Daniel Cosío Villegas, los Estados Unidos estuvieron en contra del general Porfirio Díaz tanto al inicio, como al final de su gobierno, siendo Washington el verdadero culpable y el principal artífice del derrocamiento del presidente Porfirio Díaz.
Por ello el mismo don Porfirio, lanzó una profética maldición con respecto a nuestra vecindad geográfica con la Unión Americana: ¡Ay Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos

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