Editorial

AMLO VISITÓ SINALOA, DEJÓ BUENA IMPRESIÓN

 

 Se reúne AMLO con Quirino y Valenzuela; manda abrazo a Maradona(Foto: Cortesía)

Al estilo mexicano los presidentes de la república cuando visitan la provincia dejan buenas noticias para el pueblo, hubo algunos que prometieron hacer un puente para cruzar el río, donde no había río, y cuando alguien le dijo: épale aquí no hay río, les respondió: también les haremos un río.

AMLO vino a Sinaloa y se comportó como si ya fuera el presidente en funciones, claro que no dijo que lo era, pero, así lo recibió el gobernador del Estado Quirino Ordaz Coppel, como si lo fuera de derecho, y el pueblo también hizo vallas para demostrarle que lo quiere, creo que esta vez no eran acarreados, y la verdad es que después de la elección lo que queda es rogarle al Altísimo que esta vez la vox populi no se haya equivocado.

De lo que quedó una vez que se fue a La Paz, Baja California Sur, a continuar “su gira del agradecimiento”, es que le dijo a Quirino que se le asignaran 8, 730 millones de pesos para que haga obra pública en todo Sinaloa, y eso, es una buena noticia, roguemos a Dios que se le cumpla al gobernador.

Todo lo anterior, es a grandes rasgos la impresión que dejó a su paso AMLO.

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Aquí todo sigue igual como cuando estabas tú.

Lo que publicamos en agosto de hace 4 años.

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Alumnos y Padres de Familia de Esta Escuela “Piden a Gritos que le construyan su palacio a Arturo Duarte.”

 

 

 SUBMARINOS O AUTOBUSES

La vox populi que se expresa a través del Facebook nos trae noticias de que hay escuelas que sufrieron inundaciones.

No publicaremos lo que allí se dice por respeto a nuestros lectores.

Lo cierto es que si alguien conoce a algún diputado local, hágale llegar esta columna para que se entere del asunto del drenaje pluvial que mucha falta hace a Los Mochis y no vaya a autorizar la construcción de un palacio que no es prioritario.

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Me estaciono donde quiera y ME VALE

 

 

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Si usted observa detenidamente las imágenes se percatará de que en Los Mochis, Sinaloa, la gente compra preferentemente  autos de color gris en sus diversas tonalidades y de color blanco.

Pero, si no lo dice, lo pensará, y ¿a mi qué?

Ayer fui a un Banco que está en la esquina de Heriberto Valdez y Gabriel Leyva, donde un yerbero de esos que vende remedios vegetales para los nervios y hojitas para la paciencia se haría rico,  pues en ese Banco para cobrar un cheque hay que esperar mínimo tres horas y hacer otros trámites más, pues para entretenerme salí a  la  calle a observar los acontecimientos del día, y en eso veo a un tipo estacionar su coche en zona amarilla, o sea prohibida pues obstaculiza el libre paso a los peatones, como puede usted observar. Ese auto estuvo allí estacionado mínimo 2 horas,

Al rato, de que se fue, llega una señora en su auto y está se estaciona en el mismo lugar pero más adelante, obstaculizando el área destinada a los incapacitados que van en su silla con ruedas.

De inmediato fui y le dije: “Señora este lugar está prohibido para estacionarse”. La señora que parecía decente, me respondió: “me vale”. “Pero, le dije, considere que hay gente incapacitada que requiere subir a la banqueta por este lugar destinado a ella”

La mujerzuela me respondió ya encabronada: “Y a ti, quien te mete pendejo”.

¡Oh, dije para mí, como supo que soy un pendejo!

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TREINTA AÑOS HAN PASADO Y PARECE QUE FUE AYER.

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EL GILBERTO LO SACÓ DEL MAR

 

El huracán del siglo,  el súper huracán, el  Huracán Gilberto, que el 14 de septiembre de 1988 azotó la Península de Yucatán empezó a llegar a Mérida en horas de la tarde, durante el día la gente del lugar anduvo como si nada por todos lados, yo escuché un comentario de un camionero sobre el ciclón que posiblemente pegaría en Yucatán, eso fue a medio día.

 

En cuanto llegué a casa de mi suegra le dije a mi esposa, viene un ciclón hay que ir a comprar agua y comida. “No hombre, dijo mi querida suegra, aquí no es Sinaloa, aquí no llegan los ciclones”.

Eso me tranquilizó un poco, pero, siempre nos fuimos al supermercado a prevenirnos y nos subimos al “vochito” de mi cuñado Alberto y de inmediato enfilé hacia la gasolinera más cercana y llenamos el tanque de gasolina.

Para cuando regresamos a casa, ya se veían los negros nubarrones y se sentía el aire, horas después conforme caía la noche fueron sintiéndose los vientos huracanados y el ciclón empezó a destruir Mérida y a inundar sus calles.


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