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Allá todo sigue igual, como cuando estabas tú.

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Allá todo sigue igual, como cuando estabas tú.

Hay veces que amanezco con una ´profunda tristeza en el alma, deprimido, le dicen los psicólogos, y con hartas ganas de tomar una AR-15 y disparar al aire hasta que se me acaben las balas, pero en esos instantes estar imaginando que estoy tumbando del cielo a esos cientos de diablos que andan de huachicoleros, de representantes de “maestros”, y hasta de presidentes de países dizque con ideas socialistas, que andan repartiendo el dinero del pueblo a lo pendejo, para comprar la admiración de esos huevones llamados ninis, o de esos viejitos convenencieros que no obstante vivir en buenas condiciones sociales, corrieron a inscribirse a los 68 y más, para que les den un dinerito, como si se estuviesen muriendo de hambre los  hijos de suchi.

Ayer fue un día de esos, y ante la imposibilidad de disparar la AR-15 porque no la tengo ni la tendré, le tengo miedo a las armas, o tal vez, me tengo miedo, porque con una de esas en mis manos voy y me chingo a unos que me caen gordos por huleros.

En fin, yo no nací para matar, me acuerdo que un día me dijo mi madre, ve y tráeme la gallina más gorda que veas, teníamos en la casa tantas gallinas que no sabíamos cuántas teníamos; fui y “corretie” a la que me gustó y la lleve hasta la cocina donde estaba mi madre.

Mátala, me ordenó mi madre, y raudo y veloz le dije: ¡mátala tú!... mi madre me miró con enojo y casi me arrebató la gallina, la tomó del pescuezo y estiró el brazo, y haciendo movimientos circulares en menos que se dice Úrsula, la gallina dejó de existir. “¡Inútil! Esto es todo lo que tenías que hacer, es el colmo que ni matar una gallina puedas hacer”.

 

Quién sabe por qué, pero nunca pude darle cran a una gallina. En cambio lo que eran Wicos, ardillas, conejos, palomas, a todo eso sí. Seguramente porque a esos animalitos los mataba a pedradas, desde lejecitos, como el indio Tizoc.

Pues bien, ayer  me fui a mi parcela, allá sólo, me pongo a reflexionar y allí teniendo a Dios de compañía, le agradezco el que me tenga con vida y me de los bienes que requiero para vivir en paz; y le pido nos libere a la brevedad posible, de políticos pendejos, ladrones e hijos de su sanjuanezca mother, que en vez de meter a la cárcel a los huachicoleros, les quieren pagar para que, según ellos, dejen de robarse el combustible de PEMEX. ¡Si, chuy!

Las naciones que han avanzado en mejorar las condiciones de vida de sus habitantes lo han hecho a partir de la cultura del esfuerzo, es decir, del premio por su esfuerzo, no de la ganancia sin esforzarse y el premio a la mediocridad.

Regalar el dinero del pueblo  es dependencia, servilismo y vasallaje, propio de etapas históricas con funestas consecuencias en el mundo, los venezolanos son una prueba fehaciente.

Ciertamente regalando dinero del erario se generará un amplio respaldo social de los sectores beneficiados al presidente, pero con tales prebendas, a la larga, en realidad se fortalecen las columnas de un edificio también basado en la nueva corrupción de la sociedad, que abdica de su dignidad por el riesgo de perder la limosna que la mantiene en la pobreza, en lugar de formar a los ciudadanos que aspiren a conquistar un mejor futuro a partir de la educación y servicios públicos que le den al pueblo salud mental y lo demás, llegará por añadidura.

En el caso del CNTE, solapar el ausentismo y la baja calidad en la educación pública no generará una sociedad preparada para los retos actuales, donde ya no son suficientes las habilidades tradicionales con las que se formaban los alumnos, a quienes ahora mismo se les da un ejemplo deplorable; un niño de Oaxaca fue cuestionado sobre que quería ser cuando fuera adulto, y respondió: maestro como mi tío.

¿Te gustaría enseñar a los niños? se le preguntó. El chiquillo dijo: “no, pero los maestros ni trabajan y les pagan por irse a pasear a México y allá roban y vienen cargados de cosas.”… Esa es una realidad, triste, pero así es.

Los retos tecnológicos de vanguardia, retomar el conocimiento de las humanidades, de la bioética y el desarrollo sustentable rebasan a los estudiantes de esos profesores que se la viven del chantaje y forman parte de los grupos de choque al mejor postor.

 

 La corrupción de ahora evita que nuestros niños y jóvenes estudiantes compitan por reposicionar al ser humano.

¿Dónde están maestros como Braulio Pizarro, Marcial Ordoñez, Conrado Espinoza, Candelario Ochoa y tantos maestros y maestras como los que tuvimos los que ahora andamos buscando la querencia de las tablas?.

Ya no hay, simplemente; el sindicalismo acabó con ellos, se acabaron maestras como mi profesora Petra García que me dio clases en tercer año de primaria en la escuela #9 de Los Mochis,  me acuerdo que yo le tenía miedo, era muy regañona y rápida para usar la tabla, pero que bien enseñaba y, para ella, no había horario; era muy común en ella que nos ponía en el callejón Guadalupe Victoria a la vista de la gente, a aprendernos de memoria algo que nos había dictado para afianzar la clase que nos había impartido y, el que se la fuera aprendiendo iba y se la recitaba y si lo hacía bien se iba, y ese, era chingón, y si no cumplía, le daba sus reglazos, con lo cual aparte del dolor, el alumno tenía que aguantar la burla de los compañeros. Así que lo mejor era esperar hasta que obscurecía que era cuando nos dejaba ir.

¿Le pagaban tiempo extra, a doña Petra?; por supuesto que no.

Quien ha sido Maestra(o) sabe lo que es estar frente a un grupo de chiquillos durante el horario normal y todavía sumarle por lo menos hora y media más de pie a la intemperie.

Pero como es obvio, los niños no valoramos ese plus que la Maestra Petra García daba a su  actuación, e incluso, hubo otros maestros que consideraban que estaba “zafada”, tal vez de ellos nadie se acuerde, hoy yo si me acuerdo de aquellos que dejaron huella de amor por su profesión, de ética profesional, de responsabilidad, y de que consideraron un apostolado la función social que ellos aportaron a la patria.

Este gobierno habla de la 4ª. Transformación, y si hoy me fuera a España donde dicen que anda EPN, y me lo encontrará y me preguntara: ¿Cómo está México? Le respondería: “allá todo sigue igual, como cuando estabas tú”. Puras pérdidas

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