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ABORTOS. El que la hace la paga.

ABORTOS. El que la hace

 la paga.

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Recibí un mensaje invitándome a una marcha para el día de hoy domingo 5 de agosto de 2018, los organizadores dicen que es un pronunciamiento en favor de la vida del NO NACIDO, la persona más inocente y por tal en contra del aborto. Somos ciudadanos comprometidos con la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Somos ciudadanos a favor de la vida de manera absoluta, a favor de la vida de la madre. Dice el mensaje que me llegó.

Hace ya muchos años que se viene hablando del aborto, pero al parecer ahora mismo nuestros legisladores están más cerca de aprobar que quien lo desee puede abortar y así, liberarse de un hijo no deseado. Habrá gente a favor y habrá quien esté en contra de este acto, que a mí me parece un crimen ya que estamos aprobando matar.

Lo que me llevó a recordar la historia de un compañero universitario que me pidió prestado dinero y que nunca me pagó, para cubrir los honorarios de un médico que le hizo su procedimiento abortivo a su novia.

Era tal la desesperación de mi cuate en aquella noche de viernes, que al salir de clases me invitó a tomar una copa, una nada más, y fuimos a una cantina que estaba a unos cuantos metros de la universidad donde estudiábamos.

 Entramos, yo por vez primera en mi vida ingresaba a una cantina en la ciudad de México, y pedí una cerveza y el un don Pedro con Coca-Cola, no tardó mucho en decirme que tenía algún tiempo acostándose con su novia y que la había preñado, y se le veía en la cara la angustia, y yo le dije: “te tienes que casar”. El de inmediato me dice, eso no puede ser, soy casado.

Ciertamente, él era mayor que yo unos 7 años, pero suponía que era soltero, nunca había mencionado a su esposa ni a sus hijos, y si me hablaba de su novia.

En fin que fue al grano y me pidió prestados $500.00 ( quinientos pesos) diciéndome por las claras que era para llevar a su novia a que le practicaran el aborto.

Para ese tiempo la cantidad representaba mas de un mes de colegiatura y era mucho dinero, al menos para mí, pero lo vi tan desesperado que le presté $300.00 y eso ya era un buen desembolso para mí.

Total, que consiguió el dinero que requería, creo que poco más de un mil pesos y llevó a su novia a Tlatelolco en donde “el médico” ejecutaba su trabajo en un departamento en donde vivía con su familia. Eso me lo contó mi cuate.

A raíz de ese “accidente” la muchacha dio por terminadas sus relaciones con mi amigo y él me lo contó entre triste y feliz, ya que de alguna manera se liberaba de algún sentimiento de compromiso con esa muchacha.

Pasaron los meses y terminamos la carrera, y por tanto ya no nos veíamos en la escuela, y logré hablar con él para cobrarle y me salió con evasivas, de manera que un día me enojé y le dije que ya no le volvería a cobrar y que si tenía honor, que ya sabía dónde llamarme para pagarme, luego le colgué.

Meses después asistí a la universidad y me encontré a la novia, le dio mucho gusto verme, eso lo vi en su cara, y después de preguntarme por su ex novio, y que le dije que tenía mucho tiempo que no lo veía, me contó que ella pronto se iba a casar, con un señor que era mayor que ella como diez años, y que se iría a vivir a Puebla. Tal vez vio alguna mueca en mi cara de asombro, con la que le dije, ya no eres virgen y se lo que hiciste, que casi de inmediato se despidió de mí.

Pasaron varios años, no sé cuántos, y estando casualmente en la ciudad de México, otro condiscípulo me invitó a un evento que se iba a celebrar en la universidad, para reunirnos los egresados de nuestra generación. Fui a la reunión, habíamos fácilmente unas doscientas personas, era un mundo de gente, y allí volví a encontrarme con la que fuera novia de mi cuate, se le veía muy bien, muy hermosa y de buen cuerpo, le había ido bien, se veía en su cara la felicidad, y ella fue la que se acercó a mí, me saludó con el clásico beso en el cachete, y me jaló a un rincón aparte.

Platicamos de varias cosas y me contó que su marido se había enfermado y que ella tuvo que volver a trabajar y que le había ido muy bien en el trabajo y que como ganaba más que su marido, él un día la dejó y, como no habían tenido familia, ella lo demandó y logró su divorcio.

Yo tontamente le dije, ¿qué no podía tener familia tu marido?, si me respondió, yo soy la que no puedo tener hijos, al tiempo que las lágrimas corrieron por su faz. Me arrepentí de mi comentario de inmediato, le pedí perdón por haberle hecho esa pregunta, pero ella me dijo, “no te preocupes, era lo obvio”.

Después de eso, ella tocó el tema de su embarazo aquel y de lo arrepentida que estaba ahora de haber dado muerte a su criatura, que según le había dicho “el espanta cigüeñas” que era del sexo masculino; no sabes cuánto he lamentado esa decisión, pero es que yo no podía salirles a mi padres con una noticia así, ya que iban a querer casarme y yo la verdad no estaba enamorada de Agustín, lo que pasa es que él era muy apuesto y me gustaba mucho y tú sabes la novedad del sexo y el placer me cegaron y el aborto era la única alternativa que yo veía en ese momento, y gracias a que le prestaste dinero pudo pagar la operación.

En ese momento me sentí mal, ya que para entonces yo sabía lo que era ser padre y yo estaba feliz de tener a mi hija, tan hermosa y tan graciosa y ella, había perdido la oportunidad de ser madre y se veía a las claras que estaba muy arrepentida de haber abortado. Lo estaba pagando muy caro.

Desde entonces he sentido una gran admiración por aquellas madres solteras que tuvieron el valor de parir aunque para ello haya tenido que pasar por vergüenzas y malos tratos de sus padres, familiares y su entorno social; ya que con todo y las consecuencias, es preferible eso, que no poder tener la alegría de cuidar a un hijo(a) y ver su desarrollo, gozar de sus caricias, de oír su infantil vocecita, en fin de esas alegrías que dan los niños.

Sé que hay en el mundo muchos arrepentidos de haber sido participes de alguna forma en abortos, pero todo eso queda en el silencio, pero nunca se olvida.

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